Pese a su dureza y aspecto compacto, los dientes cuentan en su interior con vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas. Cuando por culpa de una fractura o de una caries el diente comienza a doler, quiere decir que el nervio ha quedado expuesto. Al no contar con la protección del esmalte, estímulos como el frío, la presión de apretar, o alimentos muy dulces o salados; pueden desencadenar una sensación de molestia o dolor. Nuestro dentista se encargará mediante la exploración visual y radiográfica determinar el alcance de la lesión y decidir el tratamiento que más se adecúe a la situación.

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